domingo, 17 de octubre de 2010 | By: Aline

Alexia y el Cuervo

Mi primera historia de vampiros, jo que es raro. Hasta ahora llevo 5 capítulos y uno a medio camino. Así que subiré la mayoría de una.


Prefacio

Si Alexia pudiera regresar el tiempo y evitar la noche fatídica en que su existencia cambió por completo, lo haría sin dudarlo ni un sólo segundo.
En sus noches de eterna agonía, pensaba si era correcto lo que había hecho en el transcurso de los años. Sometida a reglas que jamás hubiera querido aceptar si en ese tiempo hubiese tenido una opción y que ahora, para su propia desgracia, la obligaban a acabar con lo único que le había hecho pensar que estaba viva, que era parte importante del mundo aunque ella no lo creyera con firmeza.
Estando allí, parada en medio de la habitación tan sólo iluminada por algunas velas y frente a la mirada expectante del clan que esperaba una respuesta concreta, Alexia sólo añoraba que al menos una lágrima fuera derramada por ella y por los que había asesinado por necesidad o tan sólo fuera derramada por aquél que esperaba una muerte segura esa noche.

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Erase una vez una noche de fiesta

La llamada llegó alrededor de las cinco y media de la tarde, mientras ella pintaba un dibujo cuya base había recién terminado, el que había trabajado con cuidado la última semana con el fin de dárselo de regalo a alguien especial y cuyo cumpleaños era la semana próxima, pero cuando escuchó el inconfundible y estridente sonido de su celular, dejó todo su trabajo de lado y se levantó de un salto de la cama para dirigirse casi corriendo al otro extremo de la habitación, hacia el librero donde reposaba el teléfono móvil. Apretó la tecla para aceptar la llamada y se llevó el comunicador a un costado de su cabeza.
― ¿Qué pasó al final? ―preguntó sin preámbulos mientras caminaba devuelta a la cama para poder sentarse.

―Créelo o no, pero el presidente de curso sirve para algo―la fémina, al otro lado de la línea, rió―Logró pagar todo, pero creo que nos sacará el dinero la próxima semana para devolverle todo lo que le hicimos gastar en la fiesta.

―Por eso no me preocupo, yo ya pagué mi parte―sonrió con suficiencia mientras apoyaba la mano libre sobre la colcha y se recargaba un poco hacia atrás.

―Te aseguro que nos harán pagar a todos por igual―se le escuchó bufar.

―Ya, de acuerdo―no tenía muchas ganas de discutir sobre ese punto, había estado susceptible, mejor dicho, propensa a enojarse por culpa de la menstruación toda esa semana y ahora que ya no la tenía, no quería volver a enojarse― ¿Y a qué hora será al final?

―Empieza a las diez y terminará a las cuatro de la mañana ¿Qué te parece?

Ella respondió afirmativamente mientras comenzaba a mover el pie como si le estuviera dando un tic nervioso.

― ¿Crees que te dejarán?

― ¿A qué te refieres con eso? ―ella frunció el ceño, molesta por el comentario― ¿Por qué no habrían de dejarme?

―Bueno, tus padres no son de las personas que te dejan ir a fiestas por demasiado tiempo. Bueno, tú sabes.

―Camila, estaré allí―gruñó―Es la fiesta de fin de curso, no me la voy perder ¿entendido?

―No te discuto el que quieras ir, sólo digo si te dejarán. Sólo eso. No te enojes.

―Yo me encargo de eso―pronunció―De todas formas ¿Dónde nos encontramos?

―En la Plaza de Armas, junto a la pileta a las nueve y treinta, de ahí nos vamos al Nocturno.

―Hecho, no vemos ahí en unas…―su mirada se posó rápidamente en el reloj en forma de mariposa sobre su mesita de noche―… En unas cuatro horas y media.

―No se te olvide llevar el carné para que te dejen pasar, Alexia―rió.

―No me voy a olvidar―bufó, sabiendo de antemano el por qué de que su amiga riera―Y no me recrimines esa vez ¿quieres? Es molesto y sabes que no lo hice a propósito.

―Pero nos jodiste la noche―respondió en son de burla―De todas formas, fue una lata después de que estuvieras rogando una semana por esa salida ¿no te parece?

Alexia maldijo para sus adentros al imaginarse a su amiga con una maligna sonrisa en su rostro y un oscuro y tétrico fondo haciéndole de escenario. Suspiró, debía dejar de ver tantas animaciones.

―Eso pasó hace dos años y no se repetirá de nuevo ¿de acuerdo?

―Ajá, bueno, ahora anda a pelear para que te dejen salir hoy en la noche.

―Mi papá es pan comido, con quien voy a pelear es con mi mamá―bufó.

―Arderá Troya, supongo.

―Supones bien, mi querido Watson―susurró―Mi madre es un ogro y además mi carcelera.

―Como digas, de todas formas, manda mensaje si no te dejan―Alexia bufó en respuesta―Te dejo o se me acaban los minutos.

―De acuerdo, nos vemos esta noche―insistió antes de colgar y dejar tirado el celular sobre la cama.

Alexia salió de su habitación, preparándose mentalmente para la discusión que tendría con su progenitora y dirigiéndose hacia la cocina que se encontraba junto al comedor y que anexaba al patio posterior de la casa en la que habitaban en el centro de La Serena, cercana al Liceo de niñas. Su corazón latía desenfrenado mientras pasaba por la sala, odiaba la idea de tener que pelearse, de nuevo, con su progenitora para que le dejara ir a la bendita fiesta. Sabía que, aunque se la debía desde que se había quedado en casa para cuidar al monstruito de su hermana, ella no daría su brazo a torcer con tanta facilidad.

El aroma de masa recién hecha y azúcar flor llegó a su nariz de golpe, increíblemente, su estómago hizo un leve sonido, indicándole el hambre que sentía. Claro, no había pensado en comer mientras trabajaba en el dibujo.

Entró a la cocina silenciosamente, ésta era de un color amarillo suave, los muebles de un blanco que contrastaba con la cocina propiamente tal; el lavaplatos y el refrigerador que eran plateados, su madre estaba dándole la espalda, justo delante de ella, amasando con un rodillo la masa que Alexia había olido antes de entrar a la pequeña habitación.

―Mamá―llamó provocando que su madre diera un respingo y soltara el rodillo, el cual se desplazó sobre el mesón y se detuvo junto a un paquete de harina, asustada.

― ¡No te sentí! ―exclamó con la mano sobre el pecho, mientras se giraba―No vuelvas a hacer eso.

―No era mi intención―contestó.

―Estoy haciendo rosquillas para mañana ¿Qué te parece? ―comentó mientras se limpiaba las manos en el delantal de cocina.

Su madre era una mujer de cuarenta y siete años, de cabello negro siempre sujeto en un moño alto para que no le estorbara y de piel morena, ella era ama de casa ya que, aunque terminó la enseñanza media exitosamente, sus padres no tenían el dinero para pagarle la universidad y en vista de que ellos necesitaban ayuda en casa con sus otros cinco hermanos, de los cuales ella era la mayor, se dedicó a cuidarlos y hacerle menos pesada la tarea a su progenitora que cada día parecía cansarse más. Su madre, a pesar de todo, era una mujer de carácter fuerte y a veces un poco intransigente, quizás se debía a las millares de cosas por las que había pasado en su vida, pero eso no la hacía una mala persona. Recordaba que, cuando ella era muy niña y su abuelo aún vivía, él hablaba de su madre con un orgullo inigualable. Hasta había escuchado un par de veces que su madre había dejado muchas oportunidades de lado sólo por ayudar a la familia, ya fuese trabajando vendiendo pollo o ayudando a sus hermanos en las tareas escolares. Alexia muchas veces se preguntó si su madre no habría querido otra vida, tal vez una más próspera de la que estaba viviendo, encerrada en esa pequeña casa, cocinando habitualmente algún manjar, pero no aspirando a nada más que cuidar a sus hijas.

― ¿Alexia? ―su madre le hablaba extrañada.

―Dime.

―Niña, parecías que estabas en alguna nube―sonrió. Alexia sólo pensaba en que esa dulce sonrisa desaparecería en unos instantes― ¿Quieres ayudarme? ―señaló la masa sobre el mesón cubierto de harina.

―No. En realidad, quería hablarte de algo―contestó presurosa.

― ¿De qué se trata? ―su progenitora cambió el switch rápidamente, pasando de madre cariñosa a recelosa. Sabía perfectamente que ella debía estar sospechando de lo que le hablaría.

―Hoy en la noche hay una fiesta del curso en el Nocturno―respondió.

― ¿El local nuevo? ―preguntó cautelosamente.

―Sí―afirmó―Es la fiesta de final de curso, empieza a las diez y terminará a las cuatro.

― ¿Y quieres que te deje ir? ―la pregunta fue sarcástica― ¿sabes dónde está ese local?

― En la avenida Aguirre―contestó.

― ¿Te parece bien?

― ¡Voy a estar con mis compañeros! ―argumentó―Los conozco desde los cinco, a la mayoría ¿Qué podrían hacerme?

―Eres muy inocente, Alexia―refutó la mujer―Ahora no es como antes, los jóvenes de ahora son unos bastardos a veces―la joven siseó.

―Es una buena manera de llamar a mis amigos―comentó sarcásticamente― ¿Por qué habrían de hacerme daño? No seas paranoica.

―Tus amigos no, pero alguien del curso con el que hayas tenido alguna diferencia sí. Mira, no falta el que pone la pastillita en la bebida para dejar mal a uno.

―Eres una mal pensada―susurró enojada―No soy idiota, sé cuidarme.

― ¿Enserio? ―sonrió―Ni siquiera sabes cocinar y vas a saber cuidarte sola.

― ¡Eso no viene al caso!

―Sí viene. Uno puede hacer todo lo que sea necesario para no terminar mal, pero uno no maneja a los otros. Sólo un segundo de descuido basta.

― ¡Oh, por favor! ―bufó.

―La respuesta es no―y la mujer dio media vuelta para seguir amasando.

― ¡Va a estar sólo mi curso! ―exclamó― ¡Nunca me dejas salir y además me la debes!

―No seas melodramática y no te debo nada―respondió sin voltearse.

― ¡Claro que me la debes! ―exclamó―La última vez que quise salir me lo impediste porque tenía que cuidar a Magda, porque a ti y a mi papá se le ocurrió echarme a perder la noche de un momento a otro.

― ¡No hables como si tu hermana fuera menos importante que tus amigos! ―su madre se dio vuelta para mirarla severamente.

― ¡Yo no he dicho eso!

― ¿Entonces qué has dicho? Mira, Alexia, alguien tenía que cuidar a Magdalena esa noche.

―Sí, porque a ti y a mi papá se les ocurrió salir en una cita―bufó―Así que me la debes.

―No intentes chantajearme, jovencita.

―No lo hago, aplico mi derecho a la libertad.

― ¿Cómo la llaman ustedes? ―se preguntó, ignorando el comentario anterior de su hija― ¡Oh, sí, drama queen!

― ¡Una vez, sólo una vez! ―gritó― ¡Te pido salir cada mil años en la noche y no me dejas!, ¡en la universidad no estarás para mí siempre, tengo que aprender ahora!

― ¡Ya te dije que no!

― ¡Nunca me permites nada! ―exclamó― ¡Estoy segura de que si tuviera novio me armarías el mismo escándalo!

― ¡Claro que lo haría, ni ellos son confiables! ―exclamó― ¿Sabes acaso cuantos novios asesinan a su pareja, las obligan a abortar, las golpean o presionan para tener sexo?

― ¡Oh, por favor! ―bufó― ¡Llevas al límite la sobreprotección!

― ¡No…!

La puerta de calle se cerró, llamando la atención de ambas féminas. Ninguna de las dos había oído las llaves ni el sonido de la puerta que, al ser vieja, rechinaba con fuerza.

― ¡Llegamos! ―la niña atravesó el portal de la puerta, pasando por el lado de Alexia sin dirigirle la mirada.

―Hola, cariño―saludó la mujer a la niña que sostenía un álbum de Hello Kitty en sus manos.

― ¡Mira lo que me compró, papá! ―exclamó mostrándole el álbum.

Alexia bufó, ahora su madre no le pondría atención porque su hermanita se la pasaría hablando de Hello Kitty con ella. Monstruito, pensaba, justo cuando menos la necesitaba.

― ¡Alexia, ven y ayúdame con estas bolsas! ―la voz de su padre provino de la sala.

La muchacha volvió a bufar y abandonó la cocina después de que su madre le preguntara a Magdalena si quería ayudarla con las rosquillas.

―Hola, papá―saludó sin mucho ánimo.

Su padre tenía el cabello negro también, pero; a diferencia de su madre quien parecía mantener su juventud intacta, su progenitor poseía gran cantidad de canas, tanto en el cabello como en el bigote. Él era más afable que su madre, al menos no era tan duro y se podía mediar con él con facilidad, él decía que ella podía salir en las noches si respetaba un horario, lo cual no era ningún problema para ella, sin embargo, quien dictaba las órdenes era su madre. Era un matriarcado, definitivamente.

―Su discusión se escucha allá afuera―señaló un poco molesto, aunque no lo suficiente como para alarmarse.

―Quería salir esta noche―respondió ella mientras tomaba una de las bolsas que su padre le ofrecía.

―Sí, eso supuse―contestó mientras tomaba un par de carpetas que seguramente había traído del trabajo y había olvidado bajar del auto la noche anterior―Siempre arman escándalos cuando se trata de eso.

― ¿No lo harías tú? ―bufó mientras recibía otra bolsa del supermercado―Hasta tú salías más a menudo a las fiestas de tus amigos.

―No se te olvide que corría el riesgo de terminar con un balazo en la cabeza―contestó.

―Y aún así salías―refutó.

―Intentaré convencerla―musitó―Pero el tiempo máximo es a las dos de la mañana.

Alexia sonrió y asintió abiertamente. Tenía la batalla ganada.

―Es una hora razonable―decía su padre desde la cocina ante la negativa de su mujer.

Alexia ignoraba la discusión lo más que podía mientras fingía que le interesaba el álbum nuevo de su hermanita, el cual; estaba segura, terminaría olvidado entre los cachivaches cuando encontrara otra cosa que la fascinara.

― ¡Ayúdame a pegar! ―exclamó Magdalena, señalado las láminas esparcidas en la alfombra de la sala.

―Bueno―contestó aburrida mientras tomaba una lámina en la que la dichosa gatita salía sosteniendo unas banderas británicas, la volteó para ver el número y volvió a hablar―Es la veintiocho.

Magdalena hojeó bruscamente las páginas hasta encontrar la que contendría la lámina. Todas las páginas eran demasiado rosa, pensaba Alexia mientras despegaba la parte posterior para dejar al adhesivo expuesto.

― ¡Dame! ―extendió la mano Magdalena. Ella le dio la lámina con cuidado y, a cambio, su hermana la pegó chueca en el lugar correspondiente.

―Deberías usar una regla, monstruito―Magdalena la miró y le sacó la lengua en respuesta―Niñita―le respondió sutilmente mientras tomaba otra de las dichosas láminas y volvía a voltearla para ver el número―La treinta y tres.

―Ale―la susodicha se volteó para ver a su padre.

―Dime―sonrió abiertamente. Tras él estaba su madre con cara de pocos amigos.

―Sólo hasta las dos y con el celular prendido.

Alexia se regodeó por dentro y se levantó del suelo sin prestar mucha atención a los reclamos de su hermana que la instaba a seguir pegando láminas.

―Gracias.

―Ayúdame a servir, Alexia―refunfuñó su madre antes de volver a la cocina.

―Gracias, papá―susurró al pasar al lado de él.

―Me debes una―contestó.

Su madre siguió refunfuñando mientras tomaban la once, aún y cuando intentaron hacer amena la situación y cambiarle el ánimo, pero lo cierto era es que Julia pensaba que le habían arrebatado su autoridad.
Tonterías, pensaba Alexia por su parte, lo que pasaba es que su madre no entendía que debía darle un poquito más de libertad. Tenía dieciséis, no ocho como su hermana y en un par de años estaría a las puertas de la universidad e irse de la casa. ¿Qué quería?, ¿Que se quedara en casa para siempre?

Se peinó el cabello, del mismo color negro que el resto de la familia, hasta los hombros y se vistió de manera simple, tan sólo con sus zapatillas habituales, sus jeans y una camiseta sin mangas sobre la cual se puso un polerón a juego.
Salió alrededor de las nueve, poniéndose el banano pequeño en el cual llevaba dinero, su celular y las llaves de la casa y se dirigió a paso presuroso hacia la plaza de armas de la ciudad.

―Estaba por llamarte―comentó Camila al verla.

El grupo se componía de tres mujeres, incluida ella, y dos hombres. Estaba Camila, su mejor amiga y con la que había compartido casi toda una vida, pensando que se conocían desde el kínder, luego estaba Manuel, su amigo de anteojos que le metió el bichito del dibujo cuando tenía nueve años. Le seguía Huguito, como lo llamaban cariñosamente, era un poco loco y algo obsesionado con la revista playboy, cuestión que irritaba cuando llevaba la nueva del mes al colegio y lo ponía sobre la mesa a mitad de la clase sin reparos y, finalmente, estaba Solange con su pelirroja cabellera y el rostro cubierto de pecas, ella era la más nueva del grupo, había llegado hacia dos años al colegio, cuando comenzaban enseñanza media, ella era la más vergonzosa de los dos, le costaba tomar temas fuertes de conversación porque se ponía nerviosa o se sonrojaba por cualquier cosa.

―Te dije que vendría―susurró.

―Dudar es humano―contestó Camila.

―Errar también―refutó.

―Bueno, antes de que comiencen a discutir sobre cómo es que te dejaron venir ¿Por qué no vamos caminando? Se hará la hora pronto. Nos quedan…―Manuel revisó su reloj de muñeca―… veinte minutos para llegar. Así que andando.

Bajaron hacia Pedro Pablo Muñoz y caminaron un par de cuadras hasta llegar a la avenida en la cual se encontraba el local, sin embargo, debían bajar más allá de José Joaquín Latorre, así que apresuraron el paso.
Daban las diez con quince minutos cuando vieron el letrero luminoso del local y la fachada negra y azul que iba a juego con el nombre que le habían dado, la fila no llegaba muy lejos por ser una fiesta privada, vio a sus compañeros de curso mostrar uno por uno el carné a media que avanzaban hasta llegar a la puerta donde el guardia miraba y comprobaba los nombres en libreta.

― ¿Cómo crees que será? ―preguntó Solange tras ella mientras saludaban al pasar.

―Espero que sea buena―le contestó mientras tomaba lugar tras Huguito, quien de pequeño no tenía nada.

―Haré una lista de por qué hay que organizar este tipo de cosas más seguido―comentó.

―Ni siquiera sabes si todo será fantástico―refunfuñó Camila.

―Oh, no me refería a la fiesta en sí.

―Cerdo―musitó Alexia.

El antro por dentro era toda una maravilla, las paredes oscuras le daban un toque lúgubre, los mesones de madera barnizada y brillante le contrastaban, las luces que cambiaban de color y la música que, aunque salía del estilo que el lugar tenía, hacía la perfecta combinación. El barman servía a los chicos aunque no pudieran beber licor legalmente, siempre ocurría esas cosas en los antros, el Dj cambiaba el estilo musical de vez en cuando, algunos fumaban y otros, simplemente, bailaban en la pista… algunos más tiesos que otros, algunos más atolondrados y otros haciendo movimientos alocados que sacaban carcajadas de repente.

Alexia se divertía y, aunque no era muy diestra bailando, se dejaba llevar por los movimientos de Huguito que se movía de un lado a otro como una máquina incansable. Ella no sabía de dónde sacaba tanta energía, pero sospechaba que se debía a que se quedaba hasta tarde jugando en la PlayStation o mirando películas no aptas para menores hasta que casi se hacía de día.

― ¡Mi turno, comadre! ―Camila apareció de repente y palmoteó su hombro izquierdo.

― ¡Ve con Manu! ―exclamó de regreso.

― ¡¿Estás loca?!

Huguito detuvo su danza egipcia y preguntó.

― ¿Por qué?

―Miren hacia allá―señaló haciendo un movimiento de cabeza hacia la derecha.

Ambos voltearon a ver en aquella dirección, Solange y Manuel se encontraban apoyados en la pared, muy cerca el uno del otro mientras se decían Dios sabe qué cosa.

― ¿No parecen acaramelados? ―preguntó sarcásticamente―No pienso hacer mal tercio ahí, así que vine a robarte la pareja por unos minutos.

―Oh, por supuesto―bufó mientras seguía mirando a la pareja que coqueteaba descaradamente― ¿Y con quién se supone que bailo yo?

― ¡Un ratito! ―exclamó Camila mientras tomaba del brazo a Huguito― ¡Te pagaré un vaso de ron!

― ¡Ni siquiera me gusta el alcohol! ―reprochó.

―Una bebida, entonces―siguió.

―De acuerdo, pero no te olvides―aceptó sin muchas ganas.

―Podríamos bailar los tres juntos y ya―propuso el muchacho.

―No, está bien, quiero descansar un poco.

¿Solange y Manuel? Se preguntaba mientras iba al baño a mojarse la cara, no se lo había ni imaginado hasta que Camila lo señaló. Solange era una muchacha muy tímida, hablaba sí y se comunicaba con los otros, pero le costaba hacer amigos y se enmudecía con frecuencia por cuestiones que muy pocos entendían, pero al menos ellos y los profesores lo sabían. Ella había tenido la suerte de nacer en una buena familia, pero Solange no. Su amiga tenía a un padre controlador y sobre exigente, la oprimía a tal sentido que estaba segura que en su casa debía ser aún más reservada de lo que era en el colegio. Muchas veces la había escuchado decir las cosas que su progenitor quería escuchar, como si nada más importara y, ahora, estaba segura que había mentido para poder venir a la fiesta, quizás le había dicho a su familia que se quedaría a dormir en la casa de Camila o la suya ¿Quién sabía?
Por otro lado, Manuel era más espontaneo y un artista, le gustaba conversar temas polémicos, algunos de los cuales eran difíciles de tomar para la muchacha, pero también era correcto y sabía cómo no incomodarla en demasía. Ahora recordaba que, una vez, él le había comentado que deseaba pedirle a Solange que fuera su modelo para una pintura ¿en qué habría terminado aquello? Quizás ella había aceptado y desde ese entonces su relación se había afianzado hasta convertirse en algo más que simple amistad o quizás fue antes. ¿Cómo es que nunca se dio cuenta de todos modos?, ¿Y Huguito y Camila, hace cuánto lo sabían? Tal vez se venían recién enterando o…

Su celular comenzó a sonar justo en el momento en que cerraba la llave del lavabo. Secó sus manos rápidamente con el polerón y buscó su teléfono móvil en el banano atado a su cadera.

―Mierda…―pronunció al ver quién llamaba. Era su madre―Hola, mamá―dijo al contestar.

― ¿Sabes qué hora es? ―le preguntó desde el otro lado.

― ¿Se me ha pasado la hora, verdad? ―se mordió el labio en un acto reflejo.

― ¡Quiero que te vengas ahora mismo! ―exigió.

Alexia suspiró.

―Voy para allá.

Lo siguiente que hizo después de colgar, fue salir de baño frustrada por no poder quedarse más tiempo.

― ¡¿Ale, quieres bailar?! ―la susodicha dirigió la vista a su compañero de curso, Gabriel.

―Me gustaría, pero no puedo, Gabo―contestó.

― ¿Por qué no? ―preguntó más curioso que decepcionado.

―Porque me han dado toque de queda como la cenicienta―contestó casi con el enojo plasmado.

―Que lata, tus viejos deberían darte más espacio.

―Se los he intentado decir―contestó―Nos vemos el lunes.

―Cuidado de regreso―le advirtió el muchacho. Ella sonrió y contestó que tendría cuidado.

Debo irme, despídanme de los demás. Esas eran las palabras que les había dicho a Camila y Huguito, los cuales se habían ofrecido acompañarla hasta su casa sin chistar, sin embargo, la muchacha negó rápidamente el ofrecimiento pidiéndoles que se divirtieran por ella.
Ahora, caminando por la casi desierta avenida que comenzaba a atraer a ciertos personajes que ya eran comunes en las ciudades y que se paraban en las esquinas de las calles y se paseaban esperando a que algún automovilista se detuviera y las hiciera subir. Sólo esperaba que no se le acercaran en ningún concepto.

En una esquina, por su cabeza cruzó la idea de desviarse un poco e ir al Telepizza a comprarse una individual para darle a su estómago. Se empezaba sentir un poquito vacía y el hambre no le ayudaría a caminar más rápido. Abrió nuevamente su mágico banano y contó rápidamente el dinero que tenía. El suficiente para comprarse una. Se le hizo agua la boca al pensar en el sabor de su pizza favorita y cerró el banano con todas sus cosas adentro en el preciso momento en el que el sonido de una lata al ser pateada atrajo su atención.
Alexia miró hacia el frente, al otro lado de la calle había un hombre de piel pálida, mortuoria, de facciones serias y cuya mirada llegó a helarle la sangre, inmediatamente el instinto le dijo que aquel tipo no era de buenos trigos y que debía alejarse lo más pronto posible de él.
El hombre de cabellos oscuros le sonrió lascivamente cuando le sostuvo la mirada más de lo que ella deseaba y dio un paso adelante para cruzar hacia donde se encontraba. Alexia dio un paso atrás en un acto reflejo y un escalofrío subió por su columna vertebral al momento en que él dio otro paso. ¡Tenía que irse!

La bocina de un auto rompió el encanto amenazador, el automóvil pasó justo en el momento indicado para que ella se decidiera a tomar el camino hacia el local de pizza, el cual le refugiaría de ese tipo si es que tenía malas intenciones.

Y las tenía.

Los pasos retumbaban en sus oídos mientras avanzaba a mayor velocidad y ladeó el rostro para mirar hacia atrás, sólo unos segundos tardó para darse cuenta de que él realmente la seguía y que al parecer no tenía intenciones de dejarla escapar. Entonces no pensó dos veces en comenzar a correr hacia cualquier parte, un local abierto, hasta los cafés con piernas podrían servirle de refugio si pedía ayuda a algún guardia. Cualquiera que fuera, sólo deseaba quitarse al tipo de encima.
Dobló en una esquina, donde sabía que unos metros más allá había un local nocturno, ahí pediría ayuda a quien fuera y luego se iría a casa cuando sintiera que estaba fuera de peligro. Sus pasos se hicieron más largos y rápidos, podía ver la puerta del local y la música retumbante. Estaba cerca, lo suficiente como para acelerar el paso como para largarse una corrida estilo atleta y salvarse.

Y de repente todo se fue por el caño.

Su cuerpo fue lanzado hacia un callejón, golpeando contra algunos basureros. Alexia sintió el impacto doloroso contra su espalda y, sin embargo, evitó llorar para concentrarse en ponerse de pie y escapar adonde fuera, aunque no sabía exactamente qué había ocurrido y cómo demonios la había lanzado con esa brutalidad inhumana. Sus ojos intentaron acostumbrarse a la oscuridad, pero no lo hicieron con la rapidez que ella deseaba, buscó con desespero la luz, allá donde los faroles estaban encendidos, pero no pudo hacer nada más que añorar poder llegar a ella porque la sombra amenazante del atacante estaba demasiado cerca como para lograr escapar sin que él la golpeara de nuevo.
Las manos de aquel tipo la tomaron con fuerza nuevamente y la estamparon contra el suelo sin piedad por su frágil cuerpo. La cabeza le dolió por el impacto con el cemento duro y juró que se había hecho alguna herida porque sentía calor en la nuca y un líquido espeso que pegoteaba sus cabellos.

― ¡Pervertido! ―gritó sin mirarle a la cara, intentando buscar en vano una salida para evitar que la violara― ¡Mi padre trabaja para la PDI, te va a patear el trasero en prisión! ―mintió lo mejor que pudo, sin embargo, él le sonrió como si aquello fuera un chiste.

Eran rojos, rojo sangre. Sus ojos eran más perturbadores de cerca que de lejos, al otro lado de la calle ni siquiera había podido notar su color, pero ahora era diferente, podía ver cada detalle de ellos. Eran llamas ardiendo, danzando anhelantes. Un baile hipnótico y atrayente.
No supo cuando dejó de luchar y gritar, pero si fue consciente de cuando él dejó de ejercer fuerza sobre ella y comenzó a tocarla delicadamente, aunque con un toque de lujuria en sus movimientos.

Sus manos eran heladas, llegaban a quemar como cuando sostienes por demasiado tiempo un cubito de hielo del congelador. Sus dedos acariciaron deliciosamente su estómago, presionando en lugares precisos antes de comenzar a subir lenta y tortuosamente para encontrarse con los pechos de la muchacha. Ella dio un respingo cuando sintió las manos heladas masajeando sus montes por sobre la tela del sujetador.
Dejó escapar un gemido agónico, arqueándose al acto.

El hombre le sonrió y buscó su cuello, lamió sucesivamente mientras una de sus atrevidas manos dejaba el pecho que ocupaba y bajaba hasta sus pantalones.
Dios, era como una muñeca, no podía reaccionar como se suponía que debía hacer, él la manejaba como si no tuviera control de sí misma.
El agresor le quitó el banano de un solo tirón y lo arrojó entre las bolsas de basura que se acomodaban en un rincón, a ella le pareció curioso que no viera lo que llevaba dentro, pero aquel pensamiento desapareció de su mente rápidamente.

― ¡No! ―exclamó al sentir como esa mano lasciva se hacía paso entre sus pantalones, buscando lo que ella jamás había mostrado a un hombre.

Acarició esa zona sin reparos y ella gimió suavemente mientras se removía bajo él. Las cosas no iban bien. Él jugueteó un poco más mientras seguía lamiendo aquella zona de su cuello que comenzaba a adormecerse por toda la atención recibida. La otra mano sobre su pecho se volvió más exigente y brutal, y las caricias en su zona íntima se volvieron violentas, desesperadas. Gimió en respuesta a las renovadas atenciones, su cuerpo era un volcán en erupción.

Sus colmillos traspasaron la carne blanda y se albergaron en la arteria más cercana, donde la sangre limpia circulaba.
Ella gritó en respuesta ante la dolorosa intrusión.
Pero él los retiró rápidamente y comenzó a succionar el delicioso néctar rojo que surgía de la herida previamente hecha. La muchacha gemía y se retorcía bajo sus brazos sin saber que en unos minutos la dejaría seca y muerta en ese callejón, y los movimientos rítmicos de sus manos lo ayudaban a distraerla y le entregaban un sabor más dulce a aquella sangre.

― ¡No…!―Gimió nuevamente ella mientras apretaba las piernas, atrapando la atrevida mano de su asaltante en el acto, el cual respondió moviéndola en círculos― ¡Basta…!―suspiró.

Una canción conocida y estridente llegó a su cabeza.

Aquelarre de Mägo de Oz. Su celular.

Alexia recuperó la cordura, y se desesperó al sentir como él la succionaba y ultrajaba. ¿En qué momento lo había permitido?

― ¡No! ―y ésta vez no fue un gemido, el grito fue de protesta y aborrecimiento. Sus manos se movieron como no lo habían hecho antes y apartó bruscamente la cabeza de él de un solo golpe.

El hombre, sorprendido por el actuar de ella, abrió la boca y le mostró los amenazantes colmillos.

― ¡Monstruo! ―exclamó y lo golpeó en la quijada para quitarlo de encima.

Gotas de sangre cayeron inesperadamente en el interior de su boca mientras seguía forcejeando con la criatura que parecía no inmutarse con nada. Entonces reunió sus fuerzas y golpeó con la rodilla la entrepierna del agresor.
Fue instantáneo, él dejó escapar un gruñido molesto y se apartó. Eso siempre funcionaba.

Alexia aprovechó el momento, se levantó de un salto y corrió lejos de aquel monstruoso sujeto. Volvió sobre sus pasos lo más rápido que pudieron sus piernas temblorosas. Se sentía sucia, no podía creer lo que había hecho o, más bien, lo que había dejado que le hicieran. Las lágrimas se acumularon en sus ojos y un doloroso ardor se acumuló en la zona en la que él había clavado sus colmillos. ¿Qué demonios era?, ¿Un vampiro? No, imposible, el tipo debía estar lo suficientemente loco como para hacerse colmillos gigantes con un dentista. Debía ser un desquiciado fanático de lo esotérico.

La calles estaban casi desiertas, ¿Qué hora era? No lo sabía, su celular había quedado en el callejón junto a su dinero.

Dios, debió quedarse en casa esa noche o, por lo menos, debió hacer caso a sus amigos y permitir que la acompañaran.

― ¡Ah! ―gimió. Una de sus manos buscó los orificios que el tipo le había hecho y los sobó. Le dolían demasiado.

La cabeza le comenzó a dar vueltas a mitad de camino, cuando se dio cuenta de que el agresor no la seguía. Pensó que se trataba de la conmoción y del golpe que se había dado contra el suelo, todo su cuerpo temblaba irrefrenablemente, sentía gotas de sudor surcar su estómago y su cabeza. Se le dificultaba respirar a cada paso que daba, los colores se hicieron más intensos y hubo un momento en que la luz de los faroles le parecieron soles que, para su desgracia, estaban demasiado cerca de ella. El sonido de los autos se hizo más y más fuerte, como si estuvieran metidos en su cabeza y los olores nauseabundos llegaban a su nariz de tal manera que debió detenerse para vomitar. Se tambaleó un par de veces y cayó al suelo otras tantas como si estuviera borracha, la poca gente que transitaba la miraba curiosa, pero no le tomaba mucho en cuenta. Ella deseó hablar y contarles lo sucedido, pero tan pronto abría la boca sentía que debía salir huyendo por el temor a que la consideraran loca.

Finalmente, los temblores fueron demasiado para ella y caminó hacia el callejón más cercano donde pudiera pasar desapercibida y estuviera a salvo. No creía poder soportar seguir caminando a su casa y rogó por que sus padres hubieran salidos a buscarla por su retraso.

Jadeante, se dejó caer entre los cartones viejos, esperando a que el dolor menguara y pudiera moverse, pero este hizo todo lo contrario. Se magnificó hasta límites insospechados, la luz de los faroles se hizo insoportable mientras ella miraba hacia el frente, hacia la calle y los negocios al otro lado de la misma y, de un momento a otro, ya no supo dónde estaba porque todo se había vuelto blanco.
jueves, 30 de septiembre de 2010 | By: Aline

La cama

La cama

El sonido no era muy fuerte, bueno tal vez un poco como para incomodar a cualquiera que estuviera a la redonda. Los resortes de la cama hacían un chirrido característico y molesto cuando se les forzaba en un movimiento que no debería de ser, también era molesto que se escucharan los golpes de la madera, el soporte del colchón golpear contra la pared.
No debería estar pasando, pero lo estaba y ella sabía que aquello iba a terminar mal cuando el sonido se volvió más estruendoso y los golpes más violentos. Entonces soltó el manojo de llaves que traía consigo y buscó aquella que hacía juego con la cerradura de la puerta.
Nerviosa hasta médula de los huesos, sólo alcanzó a insertarla cuando se escuchó el sonido de algo romperse, en específico, la madera al romperse. Su sangre se heló, ¡estaba perdida en todos los sentidos, pero juraba que no caería al infierno sola!
Giró la llave para quitar el seguro y luego hizo lo suyo con el pomo de la puerta. La abrió enojada, desesperada y frustrada, pero aquellos tres sentimientos no se comparaban al horror que la embargó al ver la escena ante sus ojos.
Destruida, la cama matrimonial estaba partida por la mitad y un par de niños asomaban sus cabezas por entre las sábanas que ellos mismos habían desordenado.
¡Estaba frita, la señora la iba a matar!, ir al infierno sería poco comparado con lo que aquella mujer huraña le gritaría. Los niños, como si nada hubiera ocurrido, le sonrieron de forma inocente, exculpándose cínicamente de su falta, pero ella no estaba para bromas ni miradas bonitas, durante todo el tiempo que llevaba trabajando en esa casa del demonio, ¡nunca pensó que ese par de chiquillos terminarían rompiendo la cama de sus padres!

Era la mala suerte, tal vez, siempre la había perseguido, se decía. Era el primer trabajo estable que tenía, el primero y se iba por el caño.

Entonces recordó a su amiga cuando le comentó que ser nana era fácil.

¡Al demonio, ser nana no es fácil!
martes, 28 de septiembre de 2010 | By: Aline

El colmo de la estupides, de la locura y la mente cuadrada II

Continuando con este troll. Preparaos para su zarta de incoherencias, vamos puede que no insulte textual, pero lo sigue haciendo.

gracias gracias dios! por hacer que venga esta mujer a revelarme la verdad absoluta sobre los homos que feliz me siento! esta mujer que conoce los mas profundos secretos de la existencia humana ,muy buen discurso el que acabas de escribir,de verdad que casi lloro,es mas por un momento casi me haces cambiar de opinion,haber ya no te voy a insultar porque segun tu eres mujer y yo no insulto a las mujeres porque pienso que las mujeres son lo mas sagrado y hermoso que existe,pero tengo una duda ¿podrias decirme en que momento mencione que las mujeres eran inferiores a los hombres? yo nunca dije tal estupidez,es mas considero que las mujeres esta aun por encima de los hombres con algunas excepciones claro (facilmente tu podrias ser una de ellas)otra cosa no se de que me hablas pero voy a decirte algo si me conestas,por lo que dije de los chilenos o lo de los homosexuales,no importa estas mal y te voy a decir porque,la homosexulaidad es una desviacion sexual es algo que no es normal,va en contra de la naturaleza como ya te lo habia dicho,esa es la verdad y que porque los romanos practicaban la homosexualidad significa que estaba bien? es cierto que los esas antiguas civilizaciones que mencionan hicieron grandes aportes culturales,matematicos y cientificos,pero sabias que en el coliseo romano mataron a muchisima gente inocente,animales entre otras barbaridades y que traficaban con esclavos?sabias que los griegos creian en el dios de la lluvia,el dios del trueno,el dios del pan,el dios de la mantequilla y demas tonterias?a lo que me refiero (por si no lo entendiste)es que no porque ellos lo hacian siginficaba que estaba "bien"


Enserio, y ahora mi paciente contestación. Sí, fui más ruda, porque el tipo me saca de quicio. En realidad, me reí bastante por sus tonterias. No, eran lágrimas, pero de indignación. ¿así quiere verse más culto? Enserio, tengo 18 y más ceso que él.

Dios, ¿sabes lo increíblemente contradictorio que eres? Quieres que te traiga la parte en que dice: cuando ustedes las locas, son las que se ponen en contra de la naturaleza desafiandola y desobedeciendo su mandato de hombre-mujer que ya esta establecido desde tiempos inmemoriables (¿?) ¿Quieres que te lo ponga en mayúscula, en neón, en negrita?
¿Y quién te dijo que estaba diciéndote una verdad absoluta? (al parecer, y por tus comentarios, te crees que el mundo debe ser sólo a tu modo) la homosexualidad no es una desviación sexual, es algo natural aunque no lo creas (en el reino animal, tanto hembras como machos tienen sexo con sus iguales ¿te lo digo más explícito?) Por otra parte, tu intento de sarcasmo de da risa (aún más) y perdón, ¿qué te hace pensar que soy lesbiana?, ¿el hecho de que las defienda? (realmente no sabes argumentar, te basas sólo en subjetividades), pero a mí me importa muy poco decirte qué soy, pero de todas formas y para que no empieces a gritar, porque según tú soy homosexual y estos no merecen ser tratados como personas, soy heterosexual, pero respeto la diversidad sexual. Tengo una amiga homo y tengo otra que es bisexual y ellas actúan como gente normal, como cualquier persona al querer a otro, a mi no me avergüenza en absoluto.
Y otra cosa que causa gracias ¿quién dijo que la verdad absoluta era la que tenían los romanos y los griegos? Por dios, se nota que no lees. La cultura de hoy, la hace una iglesia que es una estupidez, metiéndose en la vida de la gente y etc., pero no por eso ando por el mundo echándole mierda (¿más claro el agua, no?), se trata de cultura, 'querido', sé muy bien lo que hacían los romanos y los griegos, sé que para los romanos su circo eran el coliseo y los esclavos que convertían en gladiadores, sé que eran grandes estrategas por ser inferiores en muchos otros ámbitos, sé que los griegos eran politeístas ¿y?. ¿Me vas a decir que ahora la única jurisdicción es el dios de los cristianos?
Enserio, comienza a organizar tus argumentos. Sigues flaqueando bastante. Por cierto... me dices que estoy mal, vaya aquí el único que parece estar mal en organización y argumentos eres tú.
De paso te digo que aún si fuera homosexual (además de decirlo) no sería inferior al resto, lo cual si lees entre líneas sigue siendo un insulto. Pero soy hetero, porque así siento, así me desarrollé.
Por cierto, ¿y lo de los chilenos? enserio, ¿en qué momento me lo rebatiste?, ¿en qué momento dijiste, oh, pero es esto y esto? Nada, absolutamente nada. Tú solito te desviaste del tema, así que atente a las consecuencias de que una muchacha de 18 años sea capaz de rebatirte tus falacias.
domingo, 26 de septiembre de 2010 | By: Aline

El colmo de la estupidez, de la locura y la mente cuadrada

Es bastante estúpido, irracional, fuera de foco, todo lo que se quiera decir.
Esto surgió mucho tiempo atrás, hacía unos 6 meses, cuando el terremoto del 27 de febrero ocurrió. Todos saben que comenzaron a pulular en youtube un montón de videos de personas que vivieron en carne propia el movimiento, pues fue en uno de estos videos en que me encontré con este personaje (troll en todas sus letras) que además de poco racional, es xenófobo y machista.

Aseguraba en sus comentarios que le agradaba saber que Chile había sufrido el terremoto y que le encantaba el hecho de que toda esa gente muriera, porque según él, somos escoria que no merece vivir. Respetuosamente, que ni siquiera le insulté como muchos compatriotas cabreados por semejante desplante de insentatez, a eso se le suma también apoyo internacional, le dije que no podía desear mal a nadie aunque fuera del país de la cochinchina, que cómo podía decir que se alegraba por que gente muriera, pero el dale que te dale, conque Chile es un país de mierda (puede serlo, depende del criterio de cada uno, a mí mi país me encanta, porque a pesar de ser pesados a veces, somos bastante humanitarios en términos generales). Nos acusó de ser un país belicoso (puedo decir lo contrario, porque como país tenemos problemas como cualquiera y, más aún, somos uno de los países mejores ubicados en el parámetro latinoamericano) todo surgido por el hecho de la renovación del armamento (que conste que el troll no es peruano, sino mexicano-esto lo aclaro sin afán de ofender, pero quien más se queja de la renovación son nuestros hermanos del norte-), cuestión bastante lógica si vamos pensando que todas las cosas materiales tienen una vida útil. Y ya era tiempito para cambiar los aviones y los barcos.

Bueno, la cuestión se paró; me aburrí de intentar razonar con alguien incapaz de ver más allá de su propia nariz, así que dejé de discutir y comencé a postear información para la ayuda internacional. De eso 6 meses, reitero, y no sé por qué se me ocurrió ayer revisar mi canal en youtube (que es bastante fome, no tengo nada más que mis favoritos y es que no tengo tiempo para subir videos XP) y me encuentro que él no sólo es incapaz de mandarme un mensaje privado para encararme, sino que lo publica allí. Una zarta de estupideces del tamaño de una torre sobre que le daba igual, que de todas formas le gustaba lo que nos había pasado. Literalmente, aquello no sólo me cabreó por ser el sujeto un gallina, sino que yo tengo un límite y mi mecha es bastante corta cuando se enciende. En resumidas cuentas le respondí que era un inmaduro xenófobo y que si quería argumentar, primero que buscara decirme algo con bases.

El me respondió, muy amablemente, esto (me encantaría postear el otro comment pero lo borré):


me llamas a mi xenofobo irracional? cuando uds las locas,son las que se ponen en contra de la naturaleza desafiandola y desobedeciendo su mandato de hombre-mujer que ya esta establecido desde tiempos inmemoriables,tu te imaginas lo asqueroso y repugnante que debe ser que un hombre tenga aliento a esperma? creo que no puede haber peor abominacion (aparte de ti claro),y por cierto no se puede respetar a alguien que por si mismo no se respeta


Nótese sus 21 años.

Y he aquí mi larga respuesta que abarca 4 comments en youtube:

Enserio, tu comentario en mi canal me hace reír. Como se nota que no sabes argumentar y te basas en insultos, falacias concretamente, para dirigirte a mí y, más aún, hablas de temas que ni siquiera vienen al caso. ¿Machismo y homosexualidad? ¿Que la mujer es inferior al hombre por ley natural? Oh, por favor, ¿según quién, la biblia, los hombres maltratadores, por la leyenda de Adán y Eva? Enserio, totalmente ridículo. ¿Sabías que científicamente es la mujer más fuerte que el hombre? no por el hecho de tener más músculo, sino por su capacidad de sobrevivencia, ¿sabías que nacen más mujeres vivas que hombres vivos? Y aún así no considero que un hombre o una mujer sea superior al contrario. Yo creo firmemente que ambos están al mismo nivel.
Ahora, me hablas de homosexualidad, ¿y a ti qué te importa si un hombre es gay o una mujer es lesbiana? No es un pecado capital, no es un castigo divino. Son sólo diferentes formas de sentir. Eso y nada más. Si quieres criticar algo, ve y critica a los romanos, a los griegos, etc. que ellos también mantenían relaciones entre hombres y lo veían normal. Enserio, no porque tengas mente cuadrada vas a insultar a un sector de la sociedad.
Me hablas de que no me respeto a mí misma ¿enserio? ¿qué te hace pensar eso? ¿Porque me enfrento a ti con mejores argumentos que los tuyos, porque debería quedarme callada ante tu falta de orientación por ser mujer?
Enserio, tienes 21 según tu perfil, a mi me late que no tienes más de 13 años. Enserio, yo con 18 años puedo alardear de ser lo suficientemente madura.
Hablaste de que atacaban a tu familia, quién sabe por qué (no me interesa) y que por eso odiabas a los chilenos o al mundo en general. Yo te digo que no sé que educación te habrán dado, pero si tus padres se molieron la espalda para dártela entonces empieza a utilizarla y empieza a gastar tu tiempo en cosas productivas como, no sé, expandir tus horizontes y dejar de meter a todos en un mismo saco.
Te lo diré así, uno puede ser de un barrio muy bajo en la que pululan los delincuentes, pero no necesariamente tú lo eres. Esa es la diferencia, no puedes generalizar (caes en una falacia) porque aquí y hasta la quebrada del ají siempre será lo mismo, habrás buena y mala gente, habrá homosexuales, bi y heteros ¿y? Eso se llama diversidad, algo que al parecer, tú no respetas.


A ver qué me responde. Bueno, en realidad ya tengo más que asumido que vendrá con una zarta de incoherencias y de insultos. Como todo troll,no tienen mucha sesera, aunque también están aquellos que se hacen pasar por cultos e insultan con palabras bonitas, lo cual es otro tema para hablar.

Desahogo en off.
martes, 21 de septiembre de 2010 | By: Aline

Réquiem

Réquiem

El corazón grita desesperado y se vuelve miles de pedazos, carne muerta en tu pecho. Te refugias en el llanto, escondida en un rincón de tu angosta habitación y te preguntas una y otra vez lo mismo: ¿Por qué tú?
Él golpea la puerta insistentemente, tapas tus oídos para no escucharlo. Quieres olvidarte de que existes, pero lo cierto es que lo haces y no importa cuánto hagas, él terminará entrando. Lo sabes, pero aún guardas esperanza.
La puerta se abre, el seguro se ha roto de nuevo. Él se tambalea mientras entra, te sonríe y se acerca.

No puedes escapar.

Él te sujeta y te tira sobre la cama, tú te rindes, porque sabes que aunque grites nadie te escuchará, ellos harán oídos sordos y olvidarán, una vez más, que mereces respeto.

Oh sí, sabes que nadie te rescatará y que el único camino que queda para tu alma maltrecha es la muerte, porque aunque salgas de estas paredes que te ahogan, no hay lugar para ti en un mundo que nunca has conocido.

Llámame, añórame más mientras él te destruye, sólo espera un poco más… sólo deséame un instante más y yo llegaré a ti, te tomaré entre mis brazos y te alejaré del dolor.

Sólo añórame, niña linda, coge mi mano. Alcánzala. La Muerte siempre estará a tu servicio.
sábado, 18 de septiembre de 2010 | By: Aline

Casualidad

Lo buscó por todas partes, esperando que no fuera demasiado tarde para la chica que estuviera en la mira del tipo, su corazón golpeaba acelerado en su pecho mientras sus ojos pasaban de rostro en rostro en la fiesta y sus hombros empujaban con violencia a sus compañeros de universidad que le tiraban un par de improperios por sus empujones, pero él no les prestaba atención, su mente estaba fija en un solo objetivo: Encontrarle antes de que le pusiera las manos encima a una chica.

Entonces, con el corazón en la boca, lo vio cerca del rincón junto al escenario, ofreciéndole la bebida a una muchacha de primer año que conocía como Rebeca, la muchacha recibió gustosa el vaso de alcohol y se lo llevó a la boca con una sonrisa.

Bebió hasta la última gota.

Corrió entre la multitud hacia aquél rincón, pasando a llevar a un par de amigos suyos que, sin que cruzara una sola palabra con ellos, lo siguieron extrañados por su actitud. Lo llamaron y le preguntaron qué sucedía, pero él no respondió, sólo siguió apartando bruscamente a la gente de su camino y llegó al otro extremo agitado y asustado al no encontrarlos en el lugar en que los había visto cinco minutos antes.

― ¡Esteban, para hombre! ―gritó por sobre la música su mejor amigo, pero él no lo escuchó y empezó a mirar a todas las direcciones posibles en busca de Rebeca y el tipo de último año.

En la salida de la discoteca los vio nuevamente y volvió a emprender la carrera hacia ellos, esta vez evitando la multitud, yéndose por la pared, dónde casi no pasaba gente y en un par de minutos, en el tiempo exacto en que se cierra la puerta tras ellos, él los alcanzó. Abrió la puerta y se dirigió directo al tipo que mantenía sujeta de la cintura a la muchacha.

― ¡Cuídala! ―le ordenó a uno de sus amigos cuando apartó de un sólo empujón al sujeto de quinto.

La muchacha trastrabilló cuando no tuvo un soporte en el que apoyarse y cayó al suelo, su vista estaba perdida, buscaba a su alrededor mientras su amigo la levantaba, entendiendo en ese acto la situación que él había evitado sólo por suerte.

― ¡¿Qué haces, imbécil?! ―gritó el tipo. Su cinismo hizo que le bullera la sangre.

― ¡¿Y tú, pendejo?! ―gritó furioso― ¡¿te crees hombre por intentar violar a una mujer?!

El otro detuvo su furia inmediatamente al ver que había sido descubierto y una palidez mortuoria se instaló en su rostro, sólo fue un minuto en que el silencio reinó, pero fue lo necesario para que el tipo diera media vuelta y saliera corriendo despavorido hacia el estacionamiento.

―Le sacaré la cresta―musitó Pablo a su lado, dispuesto a emprender una carrera en pos de golpear al sujeto.

―Ahora no―apresuró a decir― ¿tienes plata en el celular? ―preguntó a lo que su amigo asintió sin entender―llamaré a mi hermana para que nos lleve en auto a dejarla a su casa―agregó mientras marcaba el número apresuradamente y se llevaba el teléfono móvil a la oreja―Averigua donde está el vaso que le dio él, tendremos que pasar a los carabineros.

Su hermana tardó como siempre en contestar, pero no por un olvido de su teléfono, sino porque estaba dormida (eran cerca de las cuatro de la mañana), pero se despertó de inmediato cuando le contó rápidamente la historia. Ella le gritó, literalmente, que la esperaran listos en la salida y que no tardaba más de diez minutos en llegar, cuestión que él no dudó.

―Está en un rincón de la escalera―le dijo Pablo.

―Búscalo rápido y avísale al dueño. Tenemos diez minutos.

Su amigo asintió y volvió a entrar.

― ¿Cómo está? ―su otro amigo levantó el rostro. Había estando echándole aire con las manos a Rebeca para que se le fuera el mareo.

― Está sudando mucho―respondió y en efecto, la chica estaba sudando frío y cada vez se le veía más pálida.

―Te llevaremos a tu casa ¿ya? ―le dijo a lo que la chica asintió por inercia. Sí, la droga había actuado maravillosamente en el cuerpo de ella, estaba totalmente ida.

Los pacos escucharon atentamente su corto relato, desde el cómo se había enterado de la intención de Diego Rodríguez de violar consentidamente a Rebeca, hasta el momento en que su hermana llegó y la llevaron a la comisaria, donde no hubo mucho que poner en duda por el estado en que se encontraba la muchacha y el vaso que aún contenía restos de la pastilla de la violación.

Tuvo mucha suerte, muchísima suerte, se dijo mientras caminaba por los pasillos de la universidad, dirigiéndose a su cuarto periodo de clases. Rebeca hubiera sido violada si él no hubiera estado en el momento preciso en que Diego ponía la droga en el vaso y él, por cierto, no lo había vuelto a ver rondando por la universidad desde el incidente y; por habladurías de los chicos de quinto se había enterado que, además de violador en potencia, al tipo le gustaba eso de andar volándose con cocaína y marihuana. Al mismo tiempo se enfureció internamente con sus compañeros de último año, porque ellos sabían que el tipo era peligroso, que podía hacer cualquier cosa cuando estaba drogado o influir en otros, pero ninguno había dicho nada. ¡Ninguno de esos malditos hipócritas, sabiendo lo que sabían, intentó detenerlo y por eso había estado a unos minutos de aprovecharse de una niña!

Rebeca alzó el rostro al verlo, los de primer año tenían clase en la sala contigua a la suya esta vez. Él le sonrió cálidamente, daba gracias por que la menuda chica no había sufrido nada peor esa noche, ella le devolvió el gesto con un sonrojo en sus mejillas.

Entonces entendió por qué había sido el blanco de Diego. Ella era demasiado bonita para su propio bien, técnicamente parecía una muñeca, tan bajita que estaba seguro que no sobrepasaba el metro cincuenta, con la cara redondeada como la de un niño, los labios rosados y el cabello cobrizo cayéndole alrededor del rostro tal cual estas chicas que salían en esas telenovelas de cabras chicas.
Demasiado bonita para su propio bien, se repitió. Era toda una joyita en bruto con esos ademanes tímidos que poseía.

Sí, demasiado hasta para él.

― ¿Dónde estabas? ―Pablo le golpeó la espalda. No se había dado cuenta de que había salido del salón a buscarlo.

―Fui a la cafetería por chocolate―le mostró la bolsita de Rolls que había comprado con anterioridad.

―Oh, bueno, vamos que el profe ya está dentro―señaló sin apartar la vista de la comida.

―Sí, sí―respondió y volvió a guardar la bolsa en el bolsillo de su chaqueta y se dirigió a la puerta para entrar a la clase.

Volvió a mirarla un segundo antes de perderse en la oscuridad del salón, ella no apartó sus ojos oscuros de los suyos y le siguió sonriendo.

Y lo siguió haciendo aún y cuando él ya no la veía.
martes, 3 de agosto de 2010 | By: Aline

Que lo sepan

Un fanfic de Twilight, después de leer un fanfic perturbado de Estora, Seven, con respecto a Renesmee Cullen y su relación con Jacob Black.

Porque en esta saga hay más plot holes que en cualquier otra. Les presento:

Que lo sepan


Hubo un momento en que lo pensé, en que creí que todo lo que ocurría a mí alrededor estaba bien. Había crecido rodeada de lujos, de mimos por parte de todos, pero ciertamente, nada podía equiparar el dolor que no viví.

Tengo diez años cronológicos, un cuerpo de una muchacha de dieciocho, la mentalidad… la racionalidad de una joven mayor de edad. Pero…

Recordando bien, ¿qué es lo que viví?, ¿cuáles son las experiencias de la infancia que tuve? No hay nada, no hay un jardín de infantes, ni una primaria ni una secundaria. No había amigos de mi edad, más que mi círculo cercano que se empeñaba en prohibirme compartir con chicos.

De mi edad… tengo diez años y un cuerpo de dieciocho.

Mis padres me miran con orgullo, diciendo que soy especial, que ningún otro niño podría entender lo que soy y cómo soy. Mis tíos opinan lo mismo: ¿Por qué interactuar con los jóvenes humanos? ellos no podrían entenderme, decían.

No es que ellos no pudieran entender lo que soy. Es que yo no tuve la oportunidad de explicar lo que soy. Tengo diez, sólo diez… y no tengo infancia. Conozco el mundo de los adultos, puedo manejar, beber, fumar, cazar, ver películas porno o entrar a los shows de striptease como cualquier chico o chica de dieciocho, pero no conozco el mundo de los niños.

No importa cuánto Jacob intente ser mi ‘pareja ideal’. Lo sé y duele. No importa cuántas veces me repitan que yo no podía compartir con los niños porque soy diferente. Hubiera preferido que se arriesgaran, que me dejaran compartir, que me dejaran vivir sin el peso que me imponen.

Soy un ente pensante, sé que Jacob espera con ansias que yo le diga sí. Sé que el ansía casarse conmigo y tener sexo con la niña que vio crecer desde el momento de su nacimiento. Sé que mi familia no se opone y sólo espera mi respuesta.

Yo sólo lloro.

¿Qué es lo que esperan de mí?, ¿Que, simplemente, deje que él haga y deshaga conmigo?, ¿quieren acaso que no tenga ninguna oportunidad de vivir?, ¿de tener oportunidades y conocer otra gente? La respuesta es sí, ellos esperan que yo no tenga voluntad.

El ambiente me sofoca. No soporto mirar a la cara a mi padre, él sabe que no quiero nada de esto. Lo sabe porque lee mis pensamientos y sé que gran parte de él, aún y cuánto estima a Jacob, está sufriendo. Sé que mi madre no entiende, ella necesita de su Jacob… supongo que eso hace que evite ver que yo no deseo lo que todos anhelan.

Le quiero tal vez, pero no para tener una relación de pareja, no para tener sexo. Jamás, la sola idea me repugna. La sola idea me hace pensar en que ese viejo compañero de juegos es un pedófilo y no puedo evitar recordar a Claire de paso. Con sus doce años, sé que ella comienza a darse cuenta que su relación con Quil no es normal.

Esta noche no hay marcha atrás, no pienso quedarme un momento más en esa casa de locos, donde todos parecen esperar que la familia feliz esté completa con mi sí. No, quiero ver el mundo, conocer gente… vivir, aunque sea bastante irónico dada mi condición.
No importa, sólo sé que revuelvo mi habitación mientras mis padres están de casería y Jacob está en la Push con su padre. Tía Alice no puede ver mi futuro, sé que mi padre está lo suficientemente entretenido con mi madre como para no darse cuenta de mis planes y sé que Carlisle no se opondrá a mi decisión. Lo sé… porque ha estado observándome en silencio al otro lado del cuarto mientras yo guardo todo lo que puedo en un par de maletas.

Yo le miro, él me mira. Le sonrió. Quizás no vuelva a verlo en mucho tiempo. Él me devuelve el gesto y me extiende un par de pasaportes y documentos falsificados. Los necesitaría si quería salir del país.

Entonces recordé a Claire… y quise llorar. ¿Debía sacarla de ahí? Sí, pero aquello sería secuestro. Claire tenía una familia normal, aunque ignorante de todo lo que ocurría con su hija. Ella se casaría con el hombre que la cuidó cuando aún andaba en pañales.

No, no podía permitir aquello. Aún y cuanto Quil me cayera bien, Claire se merecía mucho más que una imprimación. Ella tenía todo el derecho como yo a elegir.
No tardé mucho en tomar lo que para mí era la decisión correcta, guardé los pasaportes sabiendo que uno era para la niña, tomé las maletas y salí huyendo por la ventana de mi habitación a vista y paciencia de Carlisle, que sólo se limitó a musitarme un cuídate.

Claire me miró aún con ojos inocentes, sabía que ella entendía cuál era el motivo de mi visita, pero ella era una niña mentalmente, sabía que si ella decidía venir a mi lado, no vería más a sus padres. Cambiaría de identidad para siempre. No quise presionarla, esperé pacientemente su respuesta, aunque nerviosa pues el tiempo pasaba y debía correr al auto que había logrado comprar a espaldas de mi familia; y que estaba oculto en una bodega abandonada a las afueras de Forks. Mi boleto de ida al aeropuerto estaba ahí. O mejor dicho, los boletos. Ahora me daba cuenta que siempre tuve en cuenta a Claire en todo este plan de huída.

Entonces Claire me miró y asintió con la cabeza. La abracé fuertemente y le dije que yo siempre cuidaría de ella hasta el momento en que decidiera partir de mi lado. Ella asintió llorosa y luego nos pusimos a la obra. Claire se vistió con cuidado para no despertar a sus padres, yo guardé su ropa y algunos objetos personales en un bolso y luego, sin más, la hice subir a mi espalda.

El resto es historia. No me importa si le he roto el corazón a Jacob…

Sí me importa, me duele, es como si me estuvieran cortando en mil pedazos, sin embargo… no quiero volver. No quiero volver a verles las caras nunca más. No quiero ver el rostro de mi madre y de mi padre mostrando complacencia por quedarme con Jacob, ni quiero que Claire pase por lo mismo.

Nosotras somos entes pensantes, tenemos todas nuestras facultades mentales para decidir nuestros destinos. Claire y yo hemos elegido. No vamos a vacilar, yo sé que ella puede verlo en mis ojos y yo puedo verlo en los suyos. No hay duda, sólo determinación cuando tomo su mano mientras el avión despega de la pista.

Crearemos nuestros propios destinos, abriremos nuestros propios caminos. No habrá ninguna influencia paranormal, porque queremos que lo sepan: Nosotras podemos elegir.